El juguete nuevo

La vi de frente con los ojos aguados y llorosos. Había sido otro día de psiquiatra, de terapia y desahogo. Estaba tranquila pero aún con ese nudo en la garganta, con lo inexplicable de los hechos.


Me contó que él llegó al límite y había decidido irse, alejarse de la furia y los reclamos de siempre; mientras que la culpable de la situación solo le reprocha la partida. En el medio está ella, mi amiga, que tuvo que recoger los vidrios rotos y meterlos bajo la alfombra. 

Le tocó no solo invertir su dinero sino usar el tiempo, el ánimo y las ganas de escucharles los gritos y los insultos que no tiene. Y asumió con dignidad.

Esa tarde cuando nos encontramos me contó todo con aplomo y, aunque por poco se le escapan, contuvo las lágrimas. Le di las palabras de ánimo, lo que pude y ella prosiguió con lo difícil que es llegar a su casa y tener un cuarto que no es cuarto, sino un hueco que se comparte entre la cocina y un baño. Todo el drama lo escuché y no logré entenderlo hasta que, con sus mismos ojos llorosos, me dijo:

—¿Tú sabes lo que es tener un vibrador y no poder usarlo chica?— 

Yo no pude más que morirme de la risa pero entendí por fin lo importante que es tener un espacio que sea propio, de uno... No solo para llorar, dormir, reír, escribir, huir y hablar sino para por fin usar el bendito juguetico. 
Y es que no está fácil tener la vida tan complicada y ni siquiera poder darse ese gustico. 
Tienes razón amiga, no hay derecho. 


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Se sube

Acudí el segundo día para colocarme ese aparatico que me diría si mi corazón se mueve ordenadamente o si de pronto le da por mezclar break dance con joropo. Entré al consultorio, otra vez con esa sensación de que estaba en un sitio al que no pertenecía. Ellos debieron sentirlo también, porque sus ojos vidriosos me miraron con la cara típica que los mayores de 60 ponen cuando ven a una muchachita que parece desubicada.

"Buenos días", dije. Solo uno contestó.
Pasé derechito, me anuncié en recepción y me senté pensando en que la visita que tenía que hacer en los alrededores de La Planta no me fuese a poner más nerviosa, en que ojalá encontrara una buena fuente, en que los policías se portaran bien.
"Anyimar, pasa", dijeron. Pausa en la cabeza
Entré al consultorio, el doctor me saludó afectuoso.
Me senté frente a él. Sonrío y preguntó: ¿Qué haces tú de 2:00 a 8:00? 
—¡Mierda! ¿Esto es una propuesta indecente?— 
"Trabajo. Yo trabajo a esa hora... ¿por qué", dije hasta con cierto tonito de indignación.
"¿Te presionan mucho en el trabajo?", insistió.
—¿Qué tiene que ver eso?—
"No, no mucho. Quizá soy yo quien se exige demasiado... ¿por qué?", me limité a responder.
"Te explico Anyimar. El estudio que te hicimos ayer salió bastante bien en las mañanas pero en las tardes hay alteraciones de tu tensión. Puede llegarte a 14 la alta y a 9 la baja, y eso no está bien para tuedad. Y para la de nadie", sentenció.
—Cooooooño. Me jodí. 24 años y sufriendo de la tensión—
"Yo te voy a recetar una pastillita que vas a tomar una vez al día, y con eso no debería haber problemas. También debería desaparecer la cefalea y los mareos", prosiguió.
Yo anoté la receta médica, me reí nerviosa y hasta tuve ganas de llorar.
Salí del consultorio como si nada, pedí un informe médico (sí, esas cosas que hacen las mamás "para el seguro") y me fui.

En el camino pensé mil cosas, en que coño no era suficiente con lo que me costaba hacer dietas sino que ahora sufría de la tensión, buena vaina, que cómo se me ocurre, que yo si me preocupo, que no he ido a La Planta, que no he hecho la nota, en que si no me contestan, en mira cómo tengo el cabello de reseco, en que hay un jean que no me queda, que  quizá salga tarde otra vez, que no he visto a mis amigas, que debo buscarme un tiempito, que quiero un día libre, que no traje almuerzo y debo comprar, que debo un dineral en tarjetas de crédito, que tengo tiempo sin ver a mis sobrinos, que los chamos crecen rápido y uno se los pierde, que como serán mis hijos, que no me he afeitado las piernas, que si el quiere esta noche, qué pena, que no me eché crema, que no he ido al ortodoncista, que debo comprar un cepillo de dientes...y así.

¿Qué hago en las tardes?
Semiosis ilimitada.
Eso hago.

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Con mi pastillita dentro de la cartera voy. Digna, con mi achaque de persona mayor y sin la receta para dejar de preocuparme por esas cosas que me suben la tensión.

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365 perfectos

Me decía una de mis amigas que el amor es esa fila india en la que quien te gusta te da la espalda... pero tú, gracias a la vida y a tu propia insistencia, te volteaste... Por eso aquí vamos, y aquí seguimos, después de un año con los altos más altos y los bajos más bajitos.
Con todo lo que me amas y me cuidas, con todo lo que te brillan los ojos y me brillan, con lo amplia que tienes —tenemos— la sonrisa.

Feliz 1° aniversario.

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Seis!

Seis meses es así como decir medio año.
Igualito.
Y es eso, medio año lo que llevo contigo, mirándote a los ojos, dejándote mirarme, mimarme y amarme.
Qué amor tan loco y desenfrenado el tuyo chico. Con razón esperaste tantos años.

Esperaste que se me curara el alma, que te quisiera y deseara todo lo que, sin conocerme, me quisiste y deseaste desde aquel momento en el que me viste tongoneando el culo cuando iba camino a sacar unas copias.
Es gracioso, extremo y loco todo lo que hemos pasado en este tiempo.
Es también raro, profundo e ilógico.
Irracional y peligroso, eso también.

Es tanto en tan poco tiempo que me aterroriza pensar que algún día, fuera del chistecito de siempre, se me ocurra tomarte la palabra de aventurarme a que me lleves el desayuno todos los días a la cama. Y con las ganas que tienes de mostrarme lo bien que cocinas y planchas; de que te acompañe a buscar los nuevos muebles y la mesita de centro; de que la cartera nunca más amanezca en el piso sino en el perchero que seguro quieres tener cerca de la cama.

Tú tan pendiente, entregado y contento... Con todas tus ganas de mantenerme sonriendo, con todo ese empeño que tienes en que seamos felices...

No te equivocas cada vez que dices que te miro distinto. Y es que mientras más tiempo pasa a mí me invade un miedo terrible de que un día no pueda controlar esas ganas de besarte en la boca, la necesidad de mirarte a los ojos, de amanecer apretadita en tu pecho y tú tan aferradito a mis manos.

Cómo no celebrarnos la gracia, si nunca creímos que sobrepasaríamos las 72 horas.
Con todo lo que tienes/tengo; con todo lo que te/me falta...
Feliz sexto mes.

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Me gustas!

“Estás enamoradita vale”, me dice él con su tono impertinente y su risa burlona cada vez que quiere  recordarme que tiene en sus labios el poder de develar ese secreto de “lo nuestro”. Ese que te he obligado a guardar durante casi cuatro meses por asuntos relacionados con lo “políticamente correcto”  y el qué dirán.

Aunque no sabes de eso que dice él, estoy segura de que te sentirías complacido con que sus designios fuesen verdad. Y lamento decepcionarte. Yo no estoy enamorada de ti, eso de amar con todo lo que implica (y lo que duele) se lo he dejado al tiempo y definitivamente no estoy en carrera.

Pero espera, no bajes la mirada ni me hagas un puchero. Escúchame, pretende que en vez de leerme, me sientes hablándote bajito al oído, como me gusta hacerlo para erizarte la piel. No te amo y no diré que juego a amarte para hacerte sonreír. Pero tú me gustas, aun con tus palabras mal dichas y tus ocurrencias, me gustas.

Me gustas porque me dejas ser aunque yo a veces no te deje, porque me cuidas, porque me enseñas, porque eres toda una “súper producción”, porque cada vez con menos dificultad entiendes que no necesitas impresionarme para mantenerme allí, porque en vez de agobiarte con mis miedos has aprendido a sobrellevarlos.

Me gustas porque miras a los ojos, porque el pecho se te infla cuando dices que estás orgulloso de tenerme y le juras al mundo que conseguiste a la mujer más bonita (incluso en los peores días), porque dejaste que te prohibiera regalarme flores sin rechistar, porque no te pesa (como a veces me pesa a mí) esta historia que cada vez se llena más de primeras personas en plural e intenta sacarme de esa zona segura en la que se me ha convertido el singular. 

Tú me gustas sobre todo porque, entre mis trabas, quejas y peros por eso que te sobra y por aquello que te falta, he vuelto a sonreirle a una mirada cómplice y he vuelto a sonrojarme con los gestos de quien me desea el cuerpo, el cuello y la boca.

Tú me gustas aunque esconda mi risa detrás de la molestia fingida que me provocas cada vez que esgrimes un argumento de la Ley de parejas, ese invento con el que justificas todas las cosas que haces por mí.

Me gustas aunque estoy segura de que no eres EL hombre de mis sueños. 
Pero sabes qué, no quiero pensar en eso. Solo deseo que sigas siendo ese que todos los días se ocupa de hacerme reír con carcajadas que vienen desde la panza. A cambio te ofrezco mi cariño honesto y mi risa también, que a fin de cuentas termina siendo tuya.

Y es que tú me gustas…
Me gustas.

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Se abrevia Mor!


Después de ver cómo te brillaban los ojos con ese regalo del "mes 2" supe por qué te permití quererme.
Y aunque estoy lejos de ponerle sellos de "para siempre" a esto, ahora, justo ahora, me gusta quererte...





...
Lo del color verde es tarea pendiente
Mientras eres
amarillo SOL, azul CIELO y rojo, rojo FRESA.
(usemos por ahora los colores primarios) 

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Comienzo...



Jugué tu carta y ahora me gusta el juego 



Veamos qué se reparte en la próxima ronda...





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Para siempre

Ya perdí la cuenta de cuánto tiempo ha pasado oficialmente después de ti. Sí se de la última vez que te toqué la piel y te besé en los labios, tan simbólico el día que te tuve tan prestado y tan mío, sin ganas de derramar ni una lágrima pre o post coital. Tal parece que en esto de "sufrirte" había cumplido con todos los niveles y me gradué. Hoy sé que, invariablemente, tu nombre saldrá en todas nuestras reuniones pues siempre hay un cuento o una expresión que "es típica de fulanito". Y debo decir que es sabroso recordarte así, en un espacio social y como el tipo que no sólo hacía reír sino que se reía conmigo. Supongo que por eso de que ahora el exceso de trabajo de vaina te deja vivir.
Pero sigue trabajando que este asunto de hoy no es contigo.
...
Ese sábado tenía pendientes hasta los tuétanos. No estaba lista la nota para publicar al día siguiente y yo no tenía ni un ápice de ganas de hacerla. La pantallita del celular se encendió y vi el mensaje: "Prima, estoy en Caracas. ¿Qué vas a hacer hoy?". Yo que le había inventado a mi nuevo fulano un cuento para no salir, de inmediato te contesté para concertar una cita. "Escríbeme después de las 6 y cuadramos", te dije.
En efecto, puntualísimo, volviste a escribir.
Tanto dimos y planificamos que la conclusión fue que se vinieran a casa. Ese fin de semana aquí no había estrictas reglas de papás y yo me moría por verlos. Yo tenía que trabajar al día siguiente pero ¿cómo no recibir a mi primo y cuñado favorito en casa?
Hice las compras acordadas y sólo quedó esperar.

Con el taxi en la puerta del edificio los vi llegar. Los abrazos, los piropos y los infaltables cómo estás. Ya en casa había que ponerse cómodo y aprovechar el tiempo para hablar. Los tragos por delante, un cigarrito por aquí y otro por allá. Hablar de mi vida y de la de ustedes, de cómo han cambiado las cosas de cómo se recompuso, después de todo, este corazón roto y de cómo se recompone, después de ellas/os el de ustedes. De los planes del próximo año, del trabajo y los quehaceres, de papás y mamás. De silencios y un breve encuentro con los nuevos aires de mi Asere por Skype. Y llega miga, aprovechándose de la bondad de sus papás pasados de tragos, para aderezar los cuentos, para mejorar la cosa. Hablamos entonces de él y de quién es ahora, de las ganas que tienen de vernos volver, de las oportunidades tiradas al trasto. Hablamos de las falsas amistades y de las mentiras y, sin más, con otro trago y con otras risas, nos alegramos de haberlas superado todas. Luego bailamos y bailamos. También cantamos. Tan sabroso esto de estar tan pasaditos de tragos y sin nadie que nos llame la atención. De pronto, un tequila y venga otro trago. Más baile, más canto, más risas y hasta vallenatos (¡qué horror!). La presentación formal de "La muñe" y su club de fans y tus ganas primo de hacerle tragar a nuestro nuevo amigo todas sus ironías. Con el cielo pintando el día, Giova ofrece las arepitas del desayuno. Tú te rendiste mientras el cuñado seguía con ganas de beber algo más. A las 5:30 am el sueño liquidó la fiesta.

A la mañana siguiente (o técnicamente unas horas después) mi cuarto es campo minado de ropa por doquier y de ese olorcito a alcohol y cigarrillos que queda después de los amaneceres de fiesta. Yo que por fortuna dormí en otra habitación, gracias a esos analgésicos pre sueño, me paré como si nada. Listo el baño, listo el café y, con la promesa cumplida, listas las arepitas. Para mí y para ustedes, para cuando decidieran levantarse.

Antes de salir di al cuñado un beso en la frente y el deseo de que sea, sin ataduras, eso que siempre ha querido ser. Eso sí, con la honestidad, el cariño y el respeto de siempre, sin hacerse ni hacernos daño. Para el primo un beso en el cachete y las ganas viscerales de que la vida le cumpla, sin tantas condiciones, el plan de irse a ver qué pasa.

Ese día dormí solo tres horas pero no tuve ganas de pegar un ojo durante la jornada laboral. Y es que cuando uno está contento el cuerpo lo siente y se nota. Si la cosa es así, ¡salud! y que vengan más noches de ron y baile, de conversas y cuentos, de sueños y de historias a medio escribir. Las puertas de mi casa están abiertas para otro encuentro; las de mi corazón sí que están cerradas pero con ustedes adentro (por si un día se les ocurre salir).

Debo admitirlo. Amándolo a él de pronto me descubrí también amándolos.
Por fortuna, esto entre ustedes y yo sigue creciendo. 
Decretemos entonces el para siempre.

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Una moneda por oración

Entré simulando ser una viuda cumpliendo el último deseo de su marido difunto. Entré asustadita pensado en lo que pasaría si, afuera, los fanáticos de la plaza Andrés Eloy Blanco me descubrían intentando saber qué pasaría ahora con lo que ellos llaman la Plaza de la Revolución que, aun con más revolucionarios, por mucho tiene que envidiarle a la de La Habana.

Un suéter marrón y los lentes oscuros, sin maquillaje para hacer más teatral la cosa. Entré a la única ala habilitada de la basílica de Santa Capilla y me senté en el segundo banco, de atrás para adelante. La verdad es que estaba petrificada, no tenía ni idea de cómo preguntaría a los confesos revolucionarios sobre el destino de la plaza del UPV ahora que la líder había muerto.

Entré a ese sitio a calmarme y a trazar mi plan porque tenía miedo y del buen; eso que aquí esa sensación se ha vuelto algo natural.

Me senté y mientras intentaba pensar, en el segundo banco, esta vez de adelante para atrás, estaba la voz cantante del Santo Rosario. "Dios te salve María, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito sea el fruto de tu vientre Jesús" y el coro proseguía con el "yara yara" de la oración.

Vi entrar a dos señoras. Se acercaron a un santo, cuyo nombre anoté en algún papelito que, por cagada supongo, no sé dónde guardé. Le tocaron los pies y se persignaron. Un par de pasos e hicieron lo propio con un San Miguel Arcángel y esta vez dejaron caer unas moneditas en la escandalosa alcancía de metal. Se sentaron, a lo sumo, 10 minutos. Después se fueron con el mismo silencio de su llegada.

Luego entró él, con su chaqueta de cuero, esa que seguro pagó por partes y con su chapa de funcionario en el pecho. No la usó para restregársela en el rostro a nadie. No tenía a quien. Otra vez la señal de la cruz sobre frente y pecho, unos minutos de silencio, tocar los pies de otra imagen y dejar un billetico azul en el depósito.

La historia se repitió, por lo menos, cuatro veces. A mí ya se me había olvidado el propósito inicial de mi visita. El ritual me mantenía embelesada: una petición, una moneda, una oración y chao. Era algo así como decirle al santo o a Dios, depende de qué prefiere la gente, "yo creo en lo que puedes hacer por mí, pero por si acaso se te olvida, aquí va una monedita". No era caridad pura. Quizá podía ser agradecimiento por algún favor concedido pero con una monedita por delante "por si necesito pedirte otra ayudita".

Una hora después decidí volver al trabajo. Otra señora llegaba para rezar el enésimo rosario.

De lo que había ido a hacer por aquellos lares, la única información que pude obtener me la dio la lista con los datos de los difuntos que irían a la misa de novenario. Allí, entre las nigérrimas letras impresas, se asomaba su nombre escrito en grafito: Lina Ninette Ron. Quizá sus deudos no pagaron la colaboración a tiempo para salir legalmente en el listado; quizá esa vaina de pagarle a la Iglesia por una misa son cosas del capitalismo y qué va. Con suerte ese día la nombrarían en la misa de las 5:00 pm en Santa Capilla.

-y qué puede decir uno, cada quien expia sus culpas como mejor le parezca, pre o post mortem-

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Punto!

Ya no tengo nada que decirte
              Tú, no tienes nada de qué hablar...


...

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¿Dónde quedaron los héroes?

Aquella minúscula criatura apenas llegaba a los cinco años. Tenía los ojos miel más vivaces e inocentes que hubiesen visto jamás. Era malcriado y llorón, le decían "el llorón".Un día se levantó temprano, se calzó los zapatos al revés, pensando que todo estaría en orden si aquella loca niñera no se daba cuenta. Se vistió con un short verde, franela marrón y pasó un peine húmedo por su rubio y ensortijado cabello.

Tomó un taburete en el baño de su abuela para mirarse en el espejo y sonrió mostrando aquella dentadura incompleta propia del ansiado cambio de los dientes de leche. Abrió el gabinete, tomó un lápiz negro y se dibujó un antifaz que surcaba su frente de extremo a extremo y bordeaba sus mejillas. "Listo", dijo para sí cuando vio su trabajo concluido. Él quería una máscara azul pero la abuela no tenía otro color, y ni modo.

Se bajó del banquito, tomó una sábana, la dobló torpemente y la metió en la mochila del colegio. Todo estaba casi listo. Casi.

Recordó que la noche anterior había logrado sacarle un par de monedas a su abuela de aquel original escondite que llevaba entre sus pechos, no se habría imaginado que eso que hacía con la inocencia más febril, le podría haber costado prisión de grande. No lo sabía, no le importaba. Tenía cinco años, la sonrisa a medio armar, el ímpetu infantil, los sueños completitos y su carácter. ¿Qué más podía pedir?...

Ah, una cabuyita, eso le hacía falta para completar el plan. Tomó su trompo y el de su hermanito —que todavía dormía— y le quitó los guarales. Con los dos juntos, tendría la extensión perfecta para lo que necesitaba.

La sábana, la mochilita, el papagayo de su primo, los cordones, las moneditas de la abuela, su mirada traviesa y el carácter autoritario y atrevido. Todo eso lo llevaba.
Salió de casa por la puerta principal y nadie se dio cuenta.

La calle estaba caliente. Como de costumbre en el pueblo hacía sol. De inmediato recordó que había dejado el agua en casa, pero no regresaría ni en broma. Siguió su camino.
Paró en el abasto, compró un refresco que simularía cualquier bebida con poderes sobre humanos. Ya sabía él que los súper héroes no vuelan por meras ganas de volar, siempre hay que ayudarlos con algo.

Llegó a la colina, el montoncito de tierra que había dejado la noche anterior estaba exactamente en el mismo lugar. Suerte que las vecinitas habían salido con su mamá y no podrían fastidiar.

Sacó la sábana del bolso, se la ató al cuello. Se amarró el papagayo torpemente a la espalda con los cordones del trompo. En cuestión de segundos era entonces todo un héroe. Estaba listo para la batalla.

En su cabeza luchó contra un gran monstruo que quería azotar al pueblo y cuando finalmente lo venció tuvo que rescatar a su familia de las garras de un científico loco. Toda una aventura en la que volaba de un lado al otro cumpliendo misiones, haciendo del mundo un mejor lugar.

Al otro lado de la calle, su abuela lo observaba. "Estará loco ese muchacho" —dijo mientras él, con el rostro enrojecido por el sol, corría en el terreno del vecino al tiempo que batía incansablemente sus brazos como para dar fuerzas al vuelo.

Cumplió 15.850 misiones en cuatro horas del día. Estaba satisfecho y agotado. Su abuela lo llamó a comer y encontró la ocasión para decirle a su compañero imaginario de batallas que volvería al caer la tarde. De camino a casa se encontró con su vecinita, aquella que le hacía morir de la pena cada vez que le sonreía. Con la testarudez propia de su edad le exigió que saliera de su camino y entró a casa.
Apenas la perdió de vista sonrió en secreto recordando lo bonito que le quedaba ese cintillo rosa.

En casa tuvo un festín digno de un súper héroe y cayó vencido por el sueño.

Recordó sus batallas y sintió en su mejilla el ansiado beso de la vecinita, su amor platónico. Otro día exitoso de misiones y el mundo se había salvado. Él seguía siendo el súper héroe y se había quedado con la chica.

Mañana será otro día...
...
Y qué del momento de nuestra niñez en el que nos sentimos súper héroes. ¿Lo recuerdan? Basta crecer un poco para entender que aquella sábana atada al cuello no nos ayudará a volar o que el refresco de nuestro sabor favorito no da súper poderes. Pero, ¿qué bonito es creerse la historia por un ratito no?

La diferencia entre aquellos salvadores del mundo y nosotros, los simples mortales, es que no se rinden. Cueste lo que cueste no se rinden y menos por miedo a fracasar.

Deberíamos nosotros aprender un poco la lección. No tenemos la capacidad de regenerar nuestros músculos cuando nos golpean o de formar grandes escudos contra los males del mundo. A los humanos los golpes nos duelen y bastante. Sentimos que si caemos no nos volveremos a levantar, pero el peor error será siempre acostumbrarse a estar en el suelo.
No, nos somos súper héroes, no somos intocables y menos invencibles, pero vale la pena creerlo con la misma inocencia que tenemos cuando somos niños.

Lo que más duele de los fracasos es el miedo a enfrentarlos, ¿pero acaso podemos escoger algo más?

No será la primera vez que Súperman no pueda volar.
Tampoco será la última vez que haga hasta lo imposible para alejar de su cuerpo la kriptonita.

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¿Cuántos cuentos se cuenta Carlota?

Probablemente son más los cuentos que vio en tv que los que alguna vez leyó en un libro, quizá fueron cinco, no más de diez. De lo que si está segura Carlota es que siempre le han encantado las historias de princesas, sobre todo por el cliché favorito del final feliz. Eso sí, cero castillos y esas cosas, ella siempre ha sabido que las casas tan grandes llevan mucho trabajo y para eso ella no tiene tiempo.
Carlota es madura, en serio, ha crecido con pocos golpes propios pero con infinitos ajenos. Y ha crecido bien, se ha hecho una mujer de bien. Por lo menos así dice siempre su mamá.
Tendrá que visitar, al menos, cuatro países en esa soñada "misión de paz", gracias a aquella vena de lucha por los ideales perdidos. Y hablará —pésimo, eso sí— sólo dos idiomas más.
Desde donde esté mantendrá una mechita de esperanza en el corazón para volver a aquí, a su espacio vital, el embrionario, el de las batallas siempre fracasadas, el de las políticas vencidas. Y es que ella, de verdad, nunca se quiso ir.
A Carlota, con todo y su apellido, con todo y su presencia, con todo y su timbre de voz, con todo y sus todos, la vida la ha llenado de pruebas. Algunas ganadas al  instante, otras luchadas cabeza a cabeza, varias pérdidas irremediablemente y pocas, muy pocas, caducadas según indica la fecha de expiración.
El último caso se ha repetido en aquellas en las que, en cualquier parte de la historia, llevan la palabra amor. Y es que Carlota es de las que aman para siempre. "Maldita la hora en la que lo soñé para siempre", se dice a veces. "Para siempre", repite, como si de esa palabra no se desprendiera la mentira más obvia.
Carlota será la mamá de los morochos, que se portarán fatal, eso también lo sabe. Pero con una mirada, una frase entre dientes y la paciencia inquebrantable, ellos entenderán que "a mamá no le gustan esas cosas". Pobrecito aquel par, soñarán con pasar vacaciones en casas de las tías para escapar de su mamá. Y ella dirá orgullosa "no me importa, mira que bien educaditos están".
Carlota tendrá ese bonito apartamento, impoluto, con el deslumbrante diván.
La historia del perrito la tiene en veremos, pero que lo considere ya es indicio de lo que podría pasar.
La asistente es un derecho adquirido en su oficio, y la posibilidad de decirle Brigitte ante el mutis absoluto de la diligente muchacha, sólo será privilegio de aquellas que se mantengan en su vida el tiempo suficiente como para recomendarle al cirujano que mejor pone el botox por aquello del "mira, ni se me nota", argumento suficiente con el que accederá.
Carlota estará impecable siempre pero odiará los tacones que sólo usa por convención y que serán sus mejores amigos cuando le dé por jugar a la seducción.
Se pasará la vida entre amores latentes y amantes furtivos, porque si algo ha aprendido es que hay una edad en la que uno, aunque sea por meras razones biológicas, si que no puede estar solo.
El amante le hará compañía, y sabrá de aquel lado equidistante de la reconocida damita. También le besará el costado callejero y le conocerá todas las manías pre y post coitales. Sabrá lo que no hace con las manos y lo que siempre prefiere hacer con la boca. Sabrá que en público le aterra y pero le encant, y convertirá en ciencia eso del aprovechamiento de sus lados incorrectos.
Ella se pasará la vida en eso... Teniendo, soñando, queriendo y, una y otra vez, contando(se) un cuento.
.
Cuéntame qué cuenta Carlota, a quién, por qué y sobre todo,
si de verdad la están escuchando.
...
De antemano, muchas gracias.

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y olvido...

"Era un individuo de esos que callan por no hacer ruido, perdedor asiduo de tantas batallas que gana el olvido", de vez en cuando dice Joaquín...

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Así comienzan las reconciliaciones...

Cada noche duermes con el pecho y los ojos bien abiertos, esperando que la rabia absoluta o el amor más puro me permitan volver a tocarte. Desde el día que nos conocimos te enamoraste de mí y, tras un par de palabras, prometiste estar ahí. "Una palabra Anyi. Dame, al menos, una palabra", me dijiste con la entrega de quien decidió pasarse la vida dejando que recorriera su cuerpo con mis dedos.

Confieso que quiero hablarte, que paso buena parte de mis noches pensando en ti y, aun así, no he vuelto a acercarme. Y es que debo contarte algo, tú sabes que yo no miento, —no a ti. Quiero que sepas que te engañé, que pasé noches enteras con aquel al que le basta una pluma y le halaga un pincel.

Quiero confesarte que todas las palabras hechas para ti se las di a un papel, a ese odioso cuadernito de vulgar papel. Nunca intenté hacerte daño, mucho menos ser infiel. Espero puedas perdonarme, que me dejes volver… mi querido blog.

Así sello el regreso del teléfono amarillo...
De una voz, mi voz y la otra voz.

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formspring.me

Si quieres que cuente, te cuento... http://formspring.me/AnyiCova

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Homónimos

...Lo más extraño de todo es que ahora eres un extraño; y sin embargo, te extraño...

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A las damas...

Ni con el pétalo de una rosa... decían las abuelas.
... 

Tal como le habían dicho, ella hacía mucho tiempo atrás había decidido cruzar el andén y tomar un tren en sentido contrario…

Aquella noche, se volvieron a encontrar en el espacio que ocupan los pasajeros en tránsito. Con la risa nerviosa y la mirada cómplice que sólo conservan quienes se piensan en secreto, conversaron un buen rato.

Al momento de marcharse...

Ella deseó en silencio que él no se fuera nunca, pero aun así no quebrantó su sonrisa, levantó el rostro y esperó el saludo definitivo. Él, por su parte, guardó las enormes ganas que tenía de estrecharla entre sus brazos, y se despidió de ella como lo hacen los caballeros cuando ven partir a las damas más bonitas: con la sonrisa apretada entre labios, la nostalgia en la cabeza, las palmas sudorosas y con aquel nervio infantil de diez mil mariposas en la panza... Tras poco pensar, la llamó por su nombre y sin mirarla a los ojos no hizo más que besarle en la mano...

Otro tren había llegado...
... y nuevamente se decían adiós

Esa noche, en aquel oscuro andén, ella y él se despidieron con la firme intención de, algún día, volver a encontrarse en el camino...

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A leer...

"  “La M de Motel sugiere una cama distinta a la rígida H de los hoteles. Es una cama que no es para dormir”. Nosotros nos miramos con cara de “estos chinos son más raros que nosotros”, vimos en la dirección en la que apuntaban los índices de los Chang y entonces nos dimos cuenta de que se referían al motelito de la esquina con su M alumbrada por neones amarillos. “Todas las parejas entran allí como si ocultaran algo, pero cuando salen lo hacen con una sonrisa y un alivio que no se pueden esconder” dijo el menor. “Eso debe ser por lo de la cama en M. Quienes se acuestan allí están destinados a encontrarse en el medio” dijo el mayor. “Queremos un Motel Chang, para que la gente entre temerosa y salga feliz” dijeron los dos. "

Y de allí en adelante, un montón de cosas han pasado en los Moteles Chang
Es hora de darse un gusto.

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Día del Periodista

¿Un título aburridísimo, verdad?... Sí , eso pensé cuando lo escribí pero así quiero que se llame esta cosa.
Y es que hoy celebré (sin almuerzos corporativos, ni pines exóticos, ni con flores de mi novio ni con tarjeticas de mi mamá) mi primer Día del Periodista Venezolano. Sí, porque soy venezolana, y digan lo que digan aquellos fanfarrones de los títulos, yo ya soy periodista. Hoy me di un gustazo, no de cosmos, vinos ni whiskys (como se celebran las cosas aquí) sino de letras. Leí a Leila Guerrero one more time, escudriñé varios reportajes de investigación, me encanté con el trabajo de Siete Días de El Nacional y con el Expediente de El Universal. Hoy sonreí buena parte del día por un montón de mensajes bonitos, por esa vida que imagino y que procuraré hacer venir. Hoy leí mentalmente las páginas de mi revista (que aún no tiene nombre) y me reí en silencio de los ojos bravos de Brigitte y de los ladridos de Margot (o Copete, esto sigue en discusión).

Una de las mejores cosas que leí fue ese  mensaje de La Macorina, que me hizo sentir tan chiquitita y grande a la vez. Aquí la mejor parte:
"Porque este planeta está hecho NADA, pero está lleno de gente demasiado mágica como para dejarla sola (y la que diga lo contrario no ha tirado nunca). Ustedes se metieron a esto porque odian a las personas que creen que todo siempre está mal, la estupidez disfrazada de genio, la voz que nos dice que llegamos tarde a la repartición de éxitos. Ustedes se metieron a esto porque, sin duda, debe haber una solución salvable, que no está en ningún curul, ni en todas las canciones melosas hasta el asco, ni en las casillas de inmigración de los aeropuertos, ni en todos los Country Club del mundo, ni en todas las ONG que dicen que van a salvar niños con hambre y terminan follándoselos en la oscuridad de sus buenas intenciones. Hay una solución que está en los ojos de la gente buena."

Sólo hay que saberla mirar...


Y te lo repito, Gracias (de las totales), por confiar en mí y ver matices de esperanza (pese a tu incredulidad) en éste, "el mejor oficio del mundo" (según el Gabo), el de "la gente decente", (según el Kapu). El de los que esconden el miedo tras el trazo de una pluma, para aplastar la soberbia de muchos, para ser la voz de tantos otros. (según yo)
...
Soy Periodista
Eres cineasta
...
Y nadie nos quita lo bailao

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Shhh!

Orgasmos prolongados...

...y ahogados en (silencio)

Así los prefiero.

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...


        - Por hacerme más grande
        - Por mostrarme tan débil
        - Por habernos permitido tanto
        - Por este documental precioso
...

Como diría mi amiga: "La Habana bien vale una misa"... 
pero si no rezas tanto, mejor HAZLE EL AMOR!

("No estamos diciendo nada del otro mundo
sino lo que cualquier cubano te habría dicho…
si le hubieses preguntado”)

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Éramos...

Creo que después de casi dos años de la infructuosa ruptura, y de casi uno de la separación definitiva, acabo de descubrir lo molesto/frustrante/intimidante/innecesario/útil/doloroso que puede resultar para un hombre, (que aún te ama), que su ex novia, (que aún lo ama) tenga un blog.
Debí haberlo notado antes; sin embargo, nunca lo hice. Fue este blog MI espacio, MI alivio, MI huequito, MI desahogo. Pero también ha sido TU espacio, TU secreto, TU ventana. Tú contacto conmigo, Mi contacto contigo, el nuestro (si todavía es posible el posesivo)
...
Hoy descubrí lo anterior gracias al blog de Andrea. Aunque la teoría me dice que la balanza debe inclinarse hacia el lado del chico, por un asunto de cariños longevos, debo decir que todo el peso, mi querida Andre, me lo llevo a tu lado. Tenía tiempo sin identificarme tanto con historias tan viscerales como esas que yo acostumbraba a escribir cuando las heridas no tenían ni idea de cómo cicatrizar. Y definitivamente No tiene nombre.
Rescato tres líneas, nada más...


" Él era mi novio.
Él y yo éramos felices, coño.
Ahora, él y yo somos ex novios "


Bien lo dijiste, todavía quedan muchos post por escribir...

...
Admito que uso con incomodidad la partícula "ex". 
No porque sea incorrecta, 
sino porque en el fondo espero que para ti sea igual de molesto imaginarme refiriéndome a ti como mi "ex".
No es lo mismo tener un ex, que ser la ex.
Y la última opción sí me molesta, y mucho.

PUNTO

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Sabor a sal


( I )
Te besé mujer, te besé...

Se me abrió cada poro, se erizó cada vello, se me alteraron los nervios, se me alborotaron las hormonas y  sentí unas cosquillitas, de esas que a las madres no les gusta que uno sienta hasta cierta edad.
Tú me esperaste en silencio, tan sonreída como siempre, tan regalada como pocas, esperando con la piel helada que te diera un abrazo. Yo, en cambio, te miré y me sentí brava. Estaba tan empeñada en tocarte las heridas que todos decían que a primera  vista te sentían que me molestó tu sonrisa. Pero no dije nada, y en voz baja te di las gracias, gracias molestas, pero gracias al fin,  por dejarme ir a verte. 
Esa sonrisa regalada me enamoró en un segundo. Te toqué la piel con una gallardía simulada. No sabías el miedo que me producía ir a verte. Tampoco habrías imaginado que horas antes me había metido aquel amuleto entre las tetas y que llevaba un montón de cordoncitos atados en la muñeca derecha para tener conmigo a "la buena suerte".
Te vi tan gris y tan bonita, tan dama y tan cortés. Tú me viste tan grosera, ojerosa y despeinada. 

                       Aprendí entonces la primera lección: 
- las mujeres como tú son damas, siempre damas, hasta que les toca convertirse en putas.

Me invitaste a tu casa para que dejara mis maletas repletas de esperanzas y sueños, de enlatados y productos sanitarios, de "ayuditas" lejanas. No tardaste nada en sobrepasarte conmigo. No sé cómo, pero en menos de una hora lograste que te abriera el pecho y te lo dijera todo: que llevaba tiempo pensándote, que llevaba tiempo buscándote, que me había pasado ocho meses queriendo encontrarme contigo. Seguía sorprendida con el frío de tu cuerpo y buscando calentar las cosas te lo dije: "Te estaba deseando. Mi cabeza, mis manos, y mi cuerpo te estaban deseando". 
Ya tú lo sabías.  

Y así empezó el juego de conocernos.

***
¿Qué cómo se llama ella? —se preguntaran algunos.
... Habana

¿Acaso no es así como deberían llamarse las mujeres más bonitas?

Muchos son los hombres que te han tocado con sus dedos, otros tantos los que han jugado a besarte en los labios o a escupirte la cara —sabiendo siempre que eso depende de lo que a ellos les provoque, no de lo que tú les permitas. En mi caso, sólo sé que esta mujer, con cuerpo femenino, voz femenina, miedos femeninos y verdades femeninas, se enamoró de ti... (y está irremediablemente enamorada de ti).
Sólo sé que esta mujer te sueña por las noches y te recorre completita. Te huele en las mañanas buscando tu fragancia a salitre, humedad, hierbabuena y perfume barato. Te piensa por las tardes esperando volver a hacerte el amor en aquel balcón desconocido. Te imagina bailando en una plaza, meneando el culo de un lado al otro con esa soltura que sólo tú llevas, acompasando la música con el tintineo de monedas en un bolsillo turista. Te prueba, todos los días te prueba, y le sigues sabiendo a sal, a galletitas rancias, a mantequilla importada, a mozzarela dudoso, a torticas, a tabaco fuerte, a helado salado, a arroz moro, a ron puro. Sigues sabiendo a todo y a nada. Sigues con ese conocido sabor a gloria, con ese desconocido sabor a ti.  
Esta mujer, de principios flexibles e imprescriptibles,  se enamoró de ti por puta, por triste, por sonreída, por bella, por mantenida, por miserable, pero sobre todo por hacerla sentir, en un mismo instante, el ser más valiente y más cobarde.
Por verte siempre tan bonita y tan regia... tan golpeada y débil...

tan empingada, como dirías tú allá,
tan arrecha, como diría yo acá...

Te besé mujer, te besé y fue divino
...
Te besé y me dejaste con ganas de tus labios
...sabor a sal

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El Oráculo dijo...

"Y la sola vista o el sonido de la voz del ser amado producen vértigo y ganas de rodar como pelota, y pelusa en el estómago y deseos de reír tontamente, y un sinfín de síntomas que, mezclados, pueden acabar con la fama de una persona digna y seria que desde que se enamoró, no es la misma que era..."

(Hierba Mora /Teresa Moure)

Y si insistes en saber cómo soy ahora...
te cuento que todo es distinto...
...y tan igual

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Irreductible

Por más que te empeñes en llenar los huecos de tu cama con pieles ajenas, siempre sabrás que es a mí a quien amas entre tus sábanas...

...
Porque digan lo que digan,
una cosa es tener sexo y otra que te hagan el amor
...
Y eso último te lo enseñé yo

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Imagino que...

A partir de este momento tienes 24 horas para llamarme e invitarme a salir. Yo prometo decir que sí. Prometo ponerme muy linda, soltarme el cabello y no olvidar aquel bonito par de zarcillos. Desde el momento en que repique mi teléfono y responda al sonido de tu voz tendrás 23 hrs y 55 minutos para pensar en lo primero que harás cuando me veas. No lo decidirás libremente, yo te daré las opciones.
Al verme...
*Corres y me abrazas
*Corres y me besas
*Corres y me tocas
*Corres  y te vas
Sólo puedes escoger una de ellas pero, sin derecho a réplicas, necesariamente correrás. Yo, por mi parte, prometo llegar temprano a la hora y sitio acordado.
***
Te esperaré sentada en algún lado con los pies ligeramente despegados del suelo, revisando llamadas perdidas en el celular y mordiendo descontroladamente mis labios. (Estaré nerviosa como podrás imaginar).
Cuando te acerques preguntarás por qué te hice correr, te miraré directamente a los ojos y a cambio te daré una sonrisa. Enseguida lo entenderás. Y sonreirás.
Te tomaré el rostro para preguntarte por qué tardaste tanto. Con tu cara entre mis manos me aseguraré de que no vuelvas a bajar la cabeza. Me mirarás directo a los ojos y responderás. Cuando se sellen tus labios comenzaremos a caminar. Uno al lado del otro, con absoluta proximidad.
Yo no te voy a preguntar nada que no quiera saber, y te juro que no increparé sobre la vida que has decidido vivir (son tus decisiones, punto y fin). Tú, aunque quieras, no intentarás saber qué he hecho después de ti.
Me tomarás de la mano, esas manos que, con suerte, recordarán cómo encajar perfectamente con las mías. Caminaremos. Por cada par de pasos que demos juntos te detendrás para abrazarme pidiéndome en secreto que no te deje nunca (que no te vuelva a dejar).
Yo asentiré con la cabeza y seguiré en absoluto silencio con una sonrisa en la cara. 
Iremos a aquel jardín al que alguna vez fuimos a leer libros mientras imaginábamos vidas después de esta vida. Al entrar, casi como si se tratara de una terapia espiritual, respiraremos profundo y nos apretaremos las manos. Ese pedacito de verde nos permitirá dejar nuestras respiraciones asistidas después de tanto tiempo. Recorreremos las veredas de piedra entre los jardines y buscaremos un lugar justo debajo de un alto árbol, un lugar con un poco de luz, con otro poco de sombra, y sin moradores alrededor. Nos acostaremos en la grama y de inmediato colocarás tu cabeza en el espacio exacto que mi cuerpo ha sellado para ti entre mi barriga y mi vientre. Te diré lo mismo que digo siempre: "¡Qué bendita manía tuya de estar siempre en horizontal!". Sonreirás mientras guiñas el ojo, como buscando aprobación a un genuino acto de picardía y comodidad.
No leeremos libros ni hablaremos de vidas ajenas. Haremos silencio del más puro mientras mi cuerpo redescubre a aquella persona que ahora dice no conocer. Con el mismo silencio intentarás hacerme entender que sigo conociéndote, casi como siempre, como si no nos hubiesemos separado nunca.
Hablaremos de tus miedos y los míos, de qué se hace durante un después. De las metas que cumplimos y de las que ya no veremos cumplir, de los nuevos retos, de los vicios adquiridos, de los presagios advertidos, de los sueños perdidos y las esperanzas renovadas. Hablaremos de ese viaje y del miedo que me da. Tomarás fuerte mi mano y la besarás tratando de tranquilizarme con la firmeza de quien dice que me esperará con los brazos abiertos justo el día que vuelva (porque sabes que regresaré).
Pasaremos el día reviviendo sólo las buenas historias, recordando alegrías y burlándonos de las desventuras. Esta vez sin obligaciones pendientes ni celulares a mano. Con el ocaso sobre los hombros saldremos de allí y me invitarás a comer. Te diré que no, previendo aquellas ideas que sólo vienen con el peso de las estrellas. A cambio, te tomaré de la mano y te invitaré a transitar por uno de los pocos sitios que quedan en Caracas para caminar (¿recuerdas cuál?). Caminaremos hasta que ya no tengamos de qué hablar. Con ambas manos entrelazadas nos miraremos para terminar de entender aquellas ideas que dejamos sueltas a propósito, para cerrarlas en silencio con el poder de las miradas. Nos despediremos y cada uno regresará a casa. Tú comprenderás por qué sigues pensando en mí, yo habré encontrado una razón para volver a pensar en ti. Y estaremos complacidos.
***
Si ese día decides abrazarme, durante toda la tarde me abrazarás.
Si ese día decides besarme, durante toda la tarde me besarás.
Si ese día decides tocarme, bueno podrás tocarme, pero no toda la tarde. (seguro harbá mucha gente viendo y ya sabes como soy yo con esas cosas)
Si ese día decides irte, correr e irte, no importa esta historia, será otra página de palabras escritas con este deseo insepulto de volver a verte. (y nada más)
...
Porque todo escritor debe ejercitar el puño y la imaginación
...
Y la factibilidad de la historia, muchas veces, está de más

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Cante, mejor cante

Y jugando a la memoria, me encontré sorprendiendo mis sentidos con los acordes de esta canción
...
Casi olvido lo buena que es
...
Y las sonrisas que todavía puede robar

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Cuadernitos

Revisar cuadernos viejos siempre es un buen ejercicio para descubrir qué cosas de ti ya no son tan "como antes", y cuales siguen siendo tan "como siempre". Hoy rescaté mi agenda 2009, escrita más o menos hasta agosto. Recuerdo que cuando la elegí me pareció perfecta por todo el espacio que tenía para llenar de letras. En los primeros meses del año me di un festín entre frases trilladas, palabras robadas y corazones partidos. Escribí como loca, realmente como loca. 
Me di cuenta de que tenía la enorme necesidad de desbordarme en palabras porque no cabía dentro de mi misma, porque tenía demasiados sentimientos encontrados, demasiado dolor junto, demasiadas historias de sábanas, demasiadas vetas de amor, demasiados silencios, demasiadas necesidades insatisfechas y sobre todo demasiadas preguntas sin respuestas. Hay cosas de las que apenas recuerdo las circunstancias, hay otras que reviví como si acabaran de pasar. Y entendí que sólo puedes medir los efectos del tiempo cuando te observas en retrospectiva y esa agendita fue un verdadero flash back.
Creo que debo recuperar la mala costumbre de rayar cuadernitos, de llenar agendas pero sin respetarle los días. Rayaré un cuadernito con las fechas desordenadas, aprovechando este año de los días definitivos que seguro en 2011 me dará una muy buena historia para contar.
(Compraré mi agendita para rayar y juro que escribiré con más colores)
...
"Más vale que no tengas que elegir entre el olvido y la memoria"
...
Más vale que no

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Abráceme, sí?

Necesito un abrazo. Sí, un abrazo. De esos que te conectan con la vida, de los que te hacen escuchar el latido de corazones ajenos. Quiero un abrazo fuerte, de los que dan energías —o  te las quitan— de los que aplazan quehaceres, de los que completan el día. Necesito un abrazo de paciencia, de brazos calientes, de manos abiertas. Quiero un abrazo que hable bajito y diga al oido las palabras precisas, que quite el miedo, que dé buena vibra. Necesito un abrazo que no lleve promesas inconclusas, que se pinte real. Quiero un abrazo no calculado, ingenuo, un abrazo gigante y descarado.
Hoy lo único que quiero es un abrazo.

Un abrazo y ya.
...
"Hubo momentos, más de un momento, en que su mano era mi ancla en la tierra"


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Me resisto

(De una periodista en formación a la que no le da la gana de cumplir imposiciones)

Y si las aulas han sido cuna de nuestra formación académica, las calles son, sin duda, nuestra mayor escuela. Hoy más que nunca vemos amenazado el ejercicio de nuestra profesión y haremos todo lo que esté al alcance para garantizar la libertad y el trabajo, tanto para nosotros como para las generaciones futuras.


Si algo debemos entender los estudiantes de esta carrera es que los profesionales de la Comunicación Social son servidores públicos de la sociedad, jamás del Estado.

(Patriotic Mode)
...
Me resisto a perder las esperanzas, hoy no

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De los trastornos

Me causa cierta gracia  ver que si me muerdo los labios me convierto en tu deseo más perfecto. Si me peino de lado fantaseas con cómo hacerme cometer el sinfín de travesuras que supones sé hacer. Si te hablo al oído imaginas mi lengua circunferenciando alguna parte noble de tu cuerpo. Si me suelto el cabello, tu cabeza se desboca imaginando insólitas batallas de jinetes enloquecidos... Eso no está bien, ¿o sí?
He diagnosticado que estás enfermo.
Sí, totalmente enfermo.
Tienes ese virus infecto-contagioso que te hace desearme con total desenfreno.
No digo que eso esté mal. "Que está muy bien" me diría alguna amiga deseosa de que rompa este pseudo celibato autoimpuesto.
Y sí chico, que está muy bien. Sobretodo por el poder que me da.
Siento que tengo en mis manos (o en cualquier parte del cuerpo, depende de cómo se vea), la cura de esa psicopatología clínica de procedencia indeterminada que habita en tu mente.

Quizás quiera curarte, quizás no.
Quizás quiera tocarte, quizás no.
Quizás lo que estoy evitando es entrar en estas relaciones que nacen de deseos incontrolables y luego se convierten en dependencias absolutas
...o no...
...
Quizá no estás dispuesta a asumir las consecuencias de la última opción
...
¡Y qué cobarde chica!

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Incongruencias

"Las respuestas más satisfactorias sólo tardan un segundo en llegar a tu mente, unas horas en el regocijo de tu corazón por haberlas encontrado y te toma toda una vida apreciar lo sencillas que son"

¿Queremos siempre respuestas satisfactorias?
...
Quizá lo que quiero es que no siempre seas tan complaciente
...
¿O sí?

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"(...) es el único medio que encuentro cuando quiero escucharte"

Y volví a hacerme preguntas, volví a no entender(te), pero sin lágrimas ni albores cursis. Al cabo de dos días y cuarenta y tantas páginas después, Mariana Reyes lo desveló cual epifanía:

"En el fondo sigues queriendo que te ame con todos los siempre,
con todos los muchos..."
(O por lo menos, que no te olvide nunca)
...
con todo lo dicho a cuestas,
guardando lo que no dire(mos) nunca
con todo el miedo que da

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(1) de distancia

Sigue acercándote con esa mirada perdida y tus labios de historias
Sigue, con tus manos que hacen música y esa boca que me canta
Sigue, con el deseo explícito que tienes por mi piel

Sigue, con tus ganas... (y las mías)
Sigue acercándote y puede que te escuche, que te escuche y cante contigo, que te escuche y cante para ti. Sigue acercándote que más temprano que tarde me rozaras los labios y no querré separarme. Sigue porque me erizas la piel, porque me aprietas el estómago, porque me haces sonreír a solas, porque me haces desearte buenas noches y esperarte con los buenos días.
Sigue acercándote con esa mirada perdida sobre el espacio entre mi clavícula y mi hombro derecho, con esa voz tan variable, con tu barba intelectual y con la soberbia de aquel cabello rapado.
Acércate, puede que te toque y no quiera soltarte. Acércate, puede que te bese... Acércate y cántame al oído que hoy tengo ganas de escucharte.
Hoy quiero besarte con el aliento del tinto que te gusta, con el sabor del cigarrillo que detestas, con tus manos frías entre el vaporsito de mis piernas, con tu boca tibia asomándose por mi cuello.
Acércate para no escucharte desesperado si no aparezco, para calmarnos las ansias, para besarte la piel... Acércate y puede que pase...
Con tus nueve milímetros recorridos,
tú sólo quieres que yo camine sobre el 10...
(Y con las ganas que tengo)

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Un domingo cualquiera

9:37 pm. Después de des-grabar (transcribir, como quieran) todo el día una entrevista de dos horas, es momento de escribir. Las tres C del Padre Tejedor, pronunciadas por mi profesora de Redacción I se repetían insistentemente en mi cabeza: “Codo, cabeza y culo”, decía Vaisberg para describir qué debía hacer un buen escritor. Y yo lo único que quería era despegar el culo de la silla y acostarme a ver el Amazing Race (con los venezolanos como finalistas), pero qué vaina, Sebastián y sus entrevistas vuelven a complicarme el domingo. Ni modo.


Mi mamá hace los quehaceres propios del día. Era el “washing-machine time”. Saca la ropa y se sienta, con toda la calma del mundo, a buscarle parejas a las medias justo frente a mí, que no le prestaba atención más que a mi laptop.


—¿No has visto más al muchachito ese que te gusta?, —pregunta buscando un chismesito madre-hija.

—Sí, conversamos hace unos días, casi dos horas hablando de todo un poco —dije recordando a aquel nerd de 1.80 hablándome de intensidades, mientras yo solo le miraba la boca— casi romántico, casi próximo pero otra vez sin un beso.


En ese momento no entendía por qué le contaba eso a mi mamá, pero ella estaba preguntando y yo tenía para responderle con algo que le hiciera callar o que desencadenara una cantidad indeterminada de preguntas. (Supongo que por eso, pero siempre prefiriendo la opción dos)


Hace silencio otra vez mientras demuestra dominio en el arte de emparejar medias, bueno de emparejar. Desde que no tengo novio ha querido emparejar(me) todo.


—Ustedes tenían un montón de medias sucias, yo no tenía tanto tiempo sin lavar. Seguro se estaban poniendo dos o tres pares diarios —prosiguió mientras inventaba excusas casi de invierno para justificar la cantidad de medias sucias, como si la estuviese condenando por eso.


La ignoro, y sigo tratando de resumir en cuatro líneas la vida de Elia Schneider. Bendita entrevista, bendito Sebastián y sus reglas de estilo. Bendito periodismo, cómo jode pero cómo gusta.


Silencio


—Estas medias eran de Luis


Dice mientras me muestra un par de medias, que en efecto eran de él. Ya no trago grueso. Desde hace un par de meses no trago grueso cuando alguien pronuncia su nombre; al contrario, lo escucho con naturalidad, como cuando hablan de la gente que vive lejos, en ese momento fue como si mamá se hablara de una tía lejana, o qué se yo.


—Sí, él dejaba las suyas y se ponía las mías.


Le respondí escuetamente para poner punto y fin a la conversación, con el interés de ocultar que “su yerno” (así de pavoso) pasaba en casa más noches de las que ella había permitido (era la única explicación a la cantidad desproporcionada de medias suyas que tengo en mis gavetas).

Sus medias, las mías, da igual, son de las pocas cosas que no boté, no por nostalgia sino por necesidad. Que yo tuviese sus medias significaba que, en algún momento, él se había llevado las mías. No eran gestos de amor, sólo ritos de convivencia.


—Sí, sí. Hay muchas medias de él aquí. Al pasado ese le tuve que lavar hasta las medias pues…

—Umjú —dije cortándole la historia (ya me la sabía).


Ya casi tenía el sumario del texto, y me faltaban aún tres cuartillas. No pensaría mi mamá que iba a seguirle la corriente en sus intentos frustrados para hablar de Luis. De por qué se terminó, del bendito qué paso, del “si ustedes se querían” o del “amor de la universidad no es el de la vida”. Y ni hablar del tiempo que perdería tratando, otra vez, de maquillar la historia con la misma información que había usado la última vez que me preguntó. No tenía cabeza para fabricarle otra vez la pantomima del tiempo, la costumbre y de cómo lo eterno se vuelve finito, y etcétera, etcétera.


—Ay mami, ahorita no.


Silencio.


—Cómo me abandonó ese loco, vale. Fíjate uno se encariña con la gente y…

—Y nada mamá, y nada. La gente se va, la gente viene, la gente es gente. Estoy ocupada.


Silencio.


Terminó de emparejar con esmero las medias. Sólo una de ellas quedó sin par. Ya en ese momento el modo entrevista había pasado al modo reflexión… (No tenía tiempo para eso, pero cómo hace uno)

Entendí que las relaciones terminan pero que hay lazos que difícilmente se rompen, y la familia es parte de ellos. Entendí que el amor se evapora, que los intereses cambian pero que el cariño de la gente que no tuvo nada que ver en esto, es difícil de diluir. Supongo que es lo mismo que me pasa con su familia.

Debo confesarte [a título personal] que me hizo ruido que mi mamá te extrañara. Algo en mí se sintió raro porque Marlene te extraña en estos días en los que yo, irónicamente, he dejado de pensarte.

¿Será porque es Navidad?

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GRACIAS!

A la fantoche por mi nueva imagen (amo mi teléfono amarillo)
Es hermosa como nuestra tesis, como miga y luza, como mi fléndiga favorita, como mis hermanas y como las muñecas.

(Extensivas las gracias a todas ellas, por Ser)

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De los derechos... y deberes

Hay distancias que no deben acortarse,
Hay proximidades que no tienen que juntarse,
Hay líneas paralelas que no deberían (jamás) volver a encontrarse.
Hay memorias que sobreviven al astío,
Hay nostalgia entrecolada
Pero sobre todo hay errores
de esos que no se enmiendan
de esos que no aceptan tachaduras
de esos que ahogan cual cianuro
Errores,
de esos que uno no se permite cometer otra vez.

"Que no es por los ojos
por donde nos entran las pasiones a las mujeres,
sino por la piel,
por las ganas de tocar"

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Necesidades creadas

Sólo necesito...

Tener sexo
Fumar un cigarrillo
Y dormir...
(En estricto orden de aparición)

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Punto. Y Seguido...

De pronto la vida nos convierte en desconocidos...

Tú aceptas mis ganas de no verte...

Yo consiento tu intención de no cruzarte en mi camino...

Por un momento pensé que fingíamos no conocernos.
Pero NO
....
Yo te conocí. Ya no te conozco
Tú me conociste. Ya no me conoces
No nos conocemos
...

Me gusta pensar que cuando nos ignoramos intentamos evitar el beso hipócrita en la mejilla (de esos que sabes que odio). Porque ahora comprendo que tampoco puedo seguir besándote en la frente (como prefería hacerlo antes). Un beso en la frente —escuché por allí una vez— se le da a alguien a quien quieres de verdad, con inocencia absoluta, con trazos de ingenuidad.

Y no es que no te quiera —no me mal interpretes— sabes que en mí algo siempre tendrás de más. Pero no se besa en la frente a un desconocido. Sería como raro ¿no?, que alguien a quien no conoces de pronto se acerque y te deje los labios sellados en la frente, como si te marcara la conciencia —se me ocurre pensar. Por eso uno no besa en la frente a desconocidos —insisto— eso es así como una falta de respeto —diría mi mamá. Y yo peco de muchas cosas, pero de mal educada, jamás. Mejor nos quedamos saludando "cordialmente". Mejor no nos demos ningún beso. Mejor quedemos en un "¡Nos vemos!" y un "¿Qué tal?".
...
Yo no sé quién eres tú.
Tú no sabes quién soy yo.
Yo no te conozco.
Tú no me conoces.
No nos conocemos.
(Ya no más)

Tú eres un punto...
Yo soy un seguido...
Y seguimos...

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Matemático

Y te das cuenta de que la cosa cambia
cuando el eje transversal
se convierte en línea paralela

(Así de lógico y matemático)
(Así de reduccionista y simple)
(Así de plano)

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¿Qué ocurre si...?

¿Qué ocurre cuando te fastidias frente al computador a las 2:00 a.m.?

A. Lo apagas y ves TV
B. Lo apagas y escribes un cuento
C. Lo apagas y duermes
D. Ninguna de las anteriores (*)


Y en cambio...






Pierdes el tiempo jugando con la web cam...
(y nunca lo apagas)

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Toda gran mujer...

Estuve releyendo mi blog y me di cuenta de varias cosas.
Cumplí mi primer año y no hice nada para celebrarlo,
pero igual Feliz Cumpleaños para mi blog
y cada una de las personalidades que aquí habitan.
Descubrí algunos escritos que decían mucho de lo que ahora vivo
(me sentí medio vidente, y todo).
Y aunque encontré cosas interesantes (y deprimentes también),
particularmente quise rescatar un texto para dedicar a cada una de ustedes
(Sista, la mamá de los pollitos, miga, la pichuna, las muñecas, whitegirl, Cnb, Ari)
simplemente porque son Grandes Mujeres


Toda gran mujer debe tener a su lado a un gran hombre


Y si hay que definir a un gran hombre, él debería tener...

Un montón de temas para conversar; un extraordinario sentido del humor que te haga reír; una inalcanzable capacidad para hacerte sentir especial; debe amarte todos los días, hasta aquellos en los que no te ves muy bien; debe admirar cada parte de ti y hacerte sentir que puedes admirar cada parte de él; debe tener los brazos mas fuertes del mundo (aunque sean flaquitos) para apretarte en su regazo cuando necesites apoyo; no debe darte la espalda jamás; debe confiar en ti y demostrarte que puedes confiar en él; debe tener algún defecto que no te guste, pero que jamás haya impedido la forma en la que lo ves; debe amar cada centímetro de ti, aunque no tengas una piel o un cuerpo perfecto, él sentirá que es así; debe reconocerte como alguien inteligente y capaz, porque sólo así querrá formar una vida contigo (ningún hombre hace vida con una mujer que considere bruta, superficial o vacía); un gran hombre no es ese de actitud intachable, es uno que comete errores y no tarda en rectificar; un gran hombre será paciente y tolerante con tus manías, porque tú también lo has aprendido a tolerar; un gran hombre está contigo en las buenas y en las malas, sin que le importe nada más

A una gran mujer no le queda pequeño un hombre,
si él sabe ser y en efecto es,
un gran hombre
...

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Punto

Me hablé largo y tendido. Me reconcilié conmigo, me pedí perdón. Me di permiso para estar sola y no conversar con nadie más. Y pido disculpas por las llamadas no contestadas, los mensajes ignorados y los correos sin respuestas, pero me debía este encuentro. Nadie puede condenarme por querer estar sola y darme un poco de debate conmigo, con mis equivocaciones y aciertos. Me regalé el silencio para hablarme de la vida, me hablé del miedo y de las ganas, me vi al espejo y lloré, me sequé las lágrimas y reí. Me descubrí entre mis ojos llorosos y mi amplia sonrisa, frente al reflejo hablé, hablé de mí, me hablé de ti, me hablé de ellos, me hablé de ustedes.

Me hablé de quién soy, de qué quiero, de hacia dónde voy. Y descubrí que no tengo respuestas a ninguna de esas interrogantes, que no me conozco tanto como creía, que en días como hoy me controlo muy poco y que uno de mis mayores defectos es querer controlarlo todo.
Me hablé de una carrera que no pega para nada con este país pero que amo con locura infinita (aunque ahora tengo un miedo terrible). Por ella me gustan las múltiples formas en las que ahora veo la vida, y es que gracias a esta carrera de letras y no de ciencias, la calle no es simplemente calle, la gente no es sólo gente, y la vida a diario se me convierte en un nuevo cuento. Me hablé de esta lucha que muy en el fondo me niego a vivir, pero que sin muchas alternativas posibles, hay que asumir.

Me hablé de esta familia, la mía. Me di cuenta de que en silencio les estoy infinitamente agradecida por hacer de mí lo que soy hoy. También les pedí perdón, por la ausencia, por la dureza y por las faltas de afecto, que no son proporcionales al amor que por ustedes siento. Perdón porque paso demasiado tiempo limpiándome las heridas sin ver que una manera de curarlas es compartir la dicha que encierra tenerlos a cada uno de ustedes (Gracias!!!)

Me hablé de las risas que he perdido, de las lágrimas que me he negado a derramar (y que me han dejado tan indolente). Me hablé de la amistad, de la sincera, de ese grupito de gente que al precio que sea me ayudan a reír. Me hablé de todas las personas que me tienen fe, de los que hablan de potenciales que no sé si tengo, pero que ellos ven (y ojalá no se equivoquen).

Me hablé de los planes inconclusos, de todas esas cosas que digo que haré y no he hecho, de mi estúpida espera sin hacer que las cosas pasen, de la vida que sueño pero no de la que quiero. Me hablé de mis inseguridades y miedos, de lo que debo vencer, de lo que debo dejar, de lo que hay que recuperar, de lo que simplemente hay que dejar pasar.

Me hablé de mis vicios, de ese que me pudre los pulmones, de este que me amargó el corazón, de esas cosas que no "debería" tener conmigo, pero que aún están (que duelen pero me han hecho grande, no lo puedo negar). Me hablé de lo que no quiero que vuelva a pasarme, de lo que nunca quiero que me pase y de los planes que no tengo para evitarlo.

Necesito cambiar muchas cosas, no del mundo, sino de mí. No sé cómo hacerlo pero un rayito de luz es siempre visible cuando hay total oscuridad y hoy me obligué a abrir los ojos para verlo. Me asusté, más de lo que ya estaba (como siempre, más de la cuenta). Hoy cuelgo públicamente mis errores, porque admitirlos siempre es un primer paso. Asumí que lo que más me pesa son mis inconcreciones porque necesito terminar muchas cosas y darme permiso para empezar otras tantas.

Me di cuenta de que quizá no estoy respirando lo suficiente, no estoy viendo a mi alrededor, no escucho los sonidos que antes oía, no toco las cosas que antes podía tocar, no pruebo algo distinto. Por miedo, por terrible miedo. Hace poquito leí por allí que el miedo es el temor a lo desconocido, la incertidumbre de no saber qué es lo que viene y ese es mi mayor problema. Siempre creo que si no conozco lo suficiente, no sabré manejarlo (otra vez mis ganas de tener el control).

Y hoy me digo:
Anyi, no hay que saberlo todo. Las mejores experiencias se viven cuando no conoces que pasará. Hay que dejarse llevar. Permítete conocer gente distinta, viajar más, reír durísimo, hacer el ridículo de vez en cuando, escuchar más canciones, escribir nuevas letras, probar nuevos labios, seducirte con nuevos temas, leer más libros, estudiar otras cosas, hablar menos y sentir más, cambiar de ropa, cambiar de look, renovar amistades, reinventar los sueños, hacer nuevos planes, juzgar menos, controlar muy poco y vivir más.

Anyi, es hora de dejarlo atrás, de que los temores inútiles se disipen, de entender que lo desconocido no es siempre malo, más cuando comprendes que lo que ya conoces no es necesariamente bueno. La vida se pasa rapidito y a veces no hay tiempo para darse cuenta de lo que dejaste de sentir por miedo.

Anyi, aprende que todo lo que pasa te permite vivir mejores experiencias. Entiende que el dolor da fortaleza, que no importa cuántas veces te caigas siempre (siempre) hay que levantarse. Asume que nadie piensa igual que tú, que lo que a ti te parece correcto quizá es una locura para los otros y que eso es lo que nos hace humanos; entiende que nada te da derecho a lastimar a la gente y que nadie tiene permiso para lastimarte; que es mejor pedir perdón a tiempo y no pasar la vida arrepentido, que admitir los errores es siempre un acto humilde y que hay que saber bajar la cabeza. Asegúrate de no dañar a las personas que te quieren (al final es lo único que nos queda).

Deja de reprocharte cosas, deja de protegerte tanto, la vida te ha enseñado que se cosecha lo que se siembra y si siembras indolencia eso es lo que ganarás (y te juro que no es lo que quieres). Es hora de apostarle a metas más altas, de soñar más, de entender que esto que llamamos vida en un segundo se termina, y no hay chances para segundas oportunidades.


La peor experiencia es la que no se vive.
Entiéndelo y punto.

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